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El editor y poeta Marco Antonio Campos conoce de primera mano el poder de convocatoria, magnético y multitudinario.
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Un siglo del natalicio de Jaime Sabines; vuelve su voz en Poemas rescatados

El editor y poeta Marco Antonio Campos conoce de primera mano el poder de convocatoria, magnético y multitudinario.

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Autor: Superchannel
25 de marzo de 2026 a las 18:01 · 116 Vistas · 2 min de lectura

Por Agencia Reforma

Ciudad de México.- El editor y poeta Marco Antonio Campos conoce de primera mano el poder de convocatoria, magnético y multitudinario, que acarrea una novedad literaria de Jaime Sabines.

En el verano de 1997, como director de la segunda etapa del Periódico de Poesía de la UNAM, bastó que incluyera un escueto anuncio en portada para que el número volara hasta agotarse: “Poema inédito de Jaime Sabines”.

“Froto la piedra de mi anillo y apareces. / Te digo ven, y vienes; acércate, y te beso. / Eres la misma ¿sabes? Soy el mismo. / No pasa el tiempo”, comenzaba ese poema sin título, escrito décadas antes, en 1954.

 

En sus últimos años, Sabines (1926-1999) se encontraba inmerso en una revisión profunda de todo aquello que había escrito, pero que nunca había publicado, aún con la voluntad intacta a pesar de tener el cuerpo quebrado.

“Hablábamos de vez en cuando por teléfono. Quería vivir. Se sentía muy contento de ser tan leído y admirado”, recuerda Campos, con los recitales consagratorias del poeta en mente, donde logró abarrotar el Palacio de Minería, el Teatro de la Ciudad, el Palacio de Bellas Artes y la Sala Nezahualcóyotl.

“Lo demolían las 34 operaciones que tuvo. Eran como 34 vías dolorosas. Basta ver el rostro de dolor que se ve en las fotografías de Jaime de los últimos años”, agrega.

A través de este dolor, sin embargo, el autor de Los amorosos y Algo sobre la muerte del Mayor Sabines pudo realizar una selección clara de los poemas que merecían una segunda oportunidad para su publicación.

Este 2026, cuando se cumple el centenario de su nacimiento, justo este miércoles 25 de marzo, Campos vuelve a tener en sus manos textos inéditos del añorado poeta chiapaneco.

“Mi participación es la de un lector que será editor. Pero el rescate fue todo de Judith Sabines y sus hermanos. Tengo entendido que quienes estuvieron más atentos a su lectura y rescate son Judith y Jazmín”, explica sobre su involucramiento en este empeño familiar.

“Me lo dieron a leer. Yo simplemente sugerí que se quitara una carpeta. Traté de ser lo más respetuoso con lo que el hijo y las hijas de Jaime decidieran. Agradezco en especial a Judith para que el libro se publique en el curso de este año en la Colección Poemas y Ensayos de la UNAM, que dirijo”.

En entrevista, Judith Sabines cuenta que, desde que inició su trayecto literario, su padre escribía en carpetas largas de contaduría, delgadas y de pasta dura.

 

 

“A él le gustaba escribir así en la cama, acostado con su cigarro y su café. A mano, porque, aunque sabía escribir muy bien a máquina, siempre escribió a mano.

“Y él, ya para hacer sus libros, casi no corregía sus poemas, sino que los tachaba. Cuando él escogía sus poemas para alguno de sus libros, dejaba muchas cosas inéditas, que no estaban tachadas, es decir, que no las había descartado por completo, pero que no entraban esos poemas en el concepto que tenía de su libro”, ahonda.

En la última década de su vida, mayormente recluido en casa por sus padecimientos, recibió con cierto horror el volumen de poesía temprana de Carlos Pellicer que fue publicado de manera póstuma.

“No me vayan a hacer una cosa así, ¿eh?”, le dijo a su familia, según el recuento de Judith.

Aunque su impulso inicial fue quemar todo por igual, eventualmente accedió a revisar cada una de sus carpetas, marcadas por año.

En cada lectura, Sabines halló poemas que consideró dignos de publicación y que le leyó a su familia y a amigos, como Carlos Monsiváis, con opiniones enteramente positivas.

“Empezó a marcarlos con un papelito en la página y a marcarlos con una palomita y les ponía ‘Rescatar’, o a algunos pocos les ponía ‘Levantar censura’, y así”, relata su hija, también editora de poesía.

“Y hasta se le llegó a ocurrir el título de un libro posible: Poemas rescatados”.

Es bajo este nombre que 74 poemas inéditos, escritos entre 1948 y 1968 -los años que el autor personalmente llegó a revisar-, serán publicados este año por la UNAM, en la misma colección en la que Sabines publicó su primer Recuento de poemas (1962).

Si bien es cierto que amigos como José Emilio Pacheco (1939-2014) y Monsiváis (1938-2010) no están ya para revisarlos, la tarea ahora recae en Campos, uno de los mayores conocedores de su obra.

“Son poemas con los que Sabines tenía inseguridades, pero hacia el final de sus días empezó a ver lo que podía salvarse. Desechaba y volvía a ellos. Tal vez sentía que no estaban del todo terminados. Pero hay poemas que tienen pasajes muy intensos, muy Sabines, en los que sobresalen los poemas amorosos”, aquilata el editor.

“Escritos entre 1948 y 1968, dialogan con Horal y La señal (1950, ambos), sobre todo, y con Tarumba (1956), Yuria (1967) y las elegías a la muerte de su padre y de su madre”.

Aunque su hija lamenta que Sabines no haya podido revisar las carpetas de los años subsecuentes, estima que el periodo retratado en Poemas rescatados es el más afortunado.

“Está retratada, yo creo, su mejor época de poeta, porque él escribió muchísimo en los años 50 y 60 y sus mejores libros son de esa época”, asegura Judith.

Al momento, éste es el único proyecto editorial con poesía inédita a la vista, mientras la familia sopesa la posibilidad de que algún académico u otros poetas revisen las carpetas posteriores a 1968.

Asimismo, todavía están en el proceso de decidir a qué universidad donarán el archivo del autor, que incluye documentos, cartas y fotografías.

En el centenario de su padre, Judith recuerda algo que el poeta Eduardo Lizalde llegó a decir sobre él: “Jaime estaba escribiendo en los 50 para los jóvenes de los 90”.

 

Y ella complementa: “Yo creo que su poesía es también para los jóvenes del siglo 21″.

Legado literario

Campos recuerda que la trayectoria de Sabines fue absolutamente singular para la poesía mexicana.

“En México fue reconocido desde muy joven, y desde principios de la década de los 80 se volvió abrumadoramente leído y oído,  pero no mucho internacionalmente, porque no viajó mucho al extranjero y no hacía nada o muy poco por promoverse.

“Cuando Sabines se decidió a viajar, fue muy bien acogido, pero de pronto la muerte lo alcanzó el 19 de marzo de 1999″, señala.

Acaso una de sus mayores virtudes, reflexiona, es la “engañosa sencillez” de su poesía y los giros sorpresivos que considera inimitables, aunque muchos lo hayan intentado reiteradamente.

“Hay dos libros, muy distintos entre sí, que están hechos para siempre: Uno, Tarumba, que tiene magia y alegría, pero en el que hay también hartazgo y decepción amarga, y el otro, Algo sobre la muerte del Mayor Sabines, una de las grandes elegías en lengua española, que, como él dijo, salió como un ‘borbotón de sangre'”, expone.

“Sin embargo, en Horal, La señal y Maltiempo se encuentran poemas que han quedado en el alma de las generaciones”.

Con la publicación de Poemas rescatados en puerta, Campos vuelve constatar la emoción que produce un inédito de Sabines, con quien reanuda una conversación en el centenario de su nacimiento.

“Fue un placer conversar con Jaime: de manera del todo natural era un poeta al hablar y al escribir. Las cosas sencillas, habladas por él, eran un continuo asombro”, concluye su editor.

iZN

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